Buenas prácticas medioambientales para tu parcela en el campo
Valentina Canobra6 min de lectura
Tener una parcela también es hacerse cargo del entorno. Reunimos las buenas prácticas que ayudan a cuidar el suelo, el agua y la vida que ya habita tu terreno
Comprar una parcela en el campo es, para muchos, la posibilidad de vivir más cerca de la naturaleza. Pero esa cercanía trae consigo una responsabilidad que no siempre se conversa: el suelo, el agua y las especies que habitan un terreno dependen, en buena parte, de cómo lo cuide quien lo habita. Esta guía reúne prácticas concretas para hacerlo bien, sin necesidad de conocimientos técnicos previos. La mayoría son decisiones simples que, sostenidas en el tiempo, hacen una diferencia real.
Conocer lo que ya está en tu terreno
Antes de intervenir un terreno conviene entenderlo. Cada parcela tiene características propias —cuerpos de agua, zonas con más vegetación, sectores donde anida fauna— que vale la pena identificar antes de decidir dónde construir o qué modificar.
La observación es el primer paso. Recorrer el terreno con calma y tomar nota de las especies de plantas y animales, y de las particularidades del paisaje, permite reconocer las áreas con mayor valor ecológico. Con esa información se pueden establecer medidas sencillas de protección, como reservar ciertos sectores y limitar la actividad en ellos.
Cuidar el suelo
El suelo es el recurso base de cualquier parcela. Un suelo sano retiene mejor el agua, resiste la erosión, almacena carbono y sostiene la vida que hay sobre él. Protegerlo mejora su fertilidad y, con ello, todo lo que quieras cultivar o plantar más adelante.
Tres prácticas ayudan a mantenerlo en buen estado:
Rotación de cultivos — alternar los tipos de cultivo por temporada evita que el suelo se agote y previene la erosión
Cubiertas vegetales — ciertas plantas protegen la superficie del suelo y mejoran su calidad aportando materia orgánica
Compost y abonos orgánicos — mejoran la estructura del suelo, su capacidad de retener agua y nutrientes, y aumentan su actividad biológica
Proteger la biodiversidad
Un terreno con variedad de especies es más sano y más resistente. La diversidad ayuda a controlar plagas de forma natural, mejora el suelo y sostiene servicios tan concretos como la polinización. Cuidarla, además, conserva la belleza del entorno que motivó la compra.
Algunas acciones que suman:
Plantar especies nativas
Crear y mantener hábitats para la fauna local
Dejar sectores en estado silvestre, sin intervenir
Habilitar fuentes de agua
Evitar el uso de pesticidas
Coordinarse con los vecinos, porque un ecosistema no reconoce deslindes
Combinar árboles y cultivos: agroforestería
La agroforestería es una forma de manejo del terreno que combina la agricultura con la plantación estratégica de árboles. En este sistema, árboles y cultivos se benefician mutuamente.
Los árboles aportan sombra, mejoran la calidad del suelo, protegen contra la erosión y entregan productos como madera o fruta. Los cultivos, a su vez, ganan protección frente al viento fuerte, se benefician de la polinización de los insectos que atraen los árboles y del reciclaje de nutrientes. El resultado es un paisaje más productivo y, a la vez, más equilibrado.
Reforestar con especies nativas
Los árboles nativos cumplen un rol clave en la conservación del suelo. Sus raíces lo mantienen firme, evitando la erosión y los deslizamientos, y la capa de hojas que dejan caer protege la tierra de la compactación y del golpe del agua de lluvia.
Desarrollar un plan de reforestación dentro del terreno ayuda a aprovechar mejor estos beneficios. Para la zona centro sur, especies como el quillay, el coihue y el peumo son buenas opciones: están adaptadas al clima local y sostienen la fauna del lugar.
Usar el agua con eficiencia
El agua es un recurso que conviene cuidar, sobre todo en una parcela alejada de la red. Usarla bien protege el suelo, las plantas y los ecosistemas cercanos, y da mayor holgura frente a los períodos de escasez.
Riego por goteo — entrega el agua directo a la raíz de la planta y reduce al mínimo la pérdida por evaporación
Plantas nativas — al estar adaptadas al clima local, suelen necesitar menos agua que las especies introducidas
Recolección de aguas lluvia — el agua captada del techo puede almacenarse y usarse como fuente adicional
Acolchado o <em>mulching</em> — cubrir el suelo con material orgánico ayuda a retener la humedad y reduce la necesidad de riego
Aprovechar las energías renovables
En una parcela lejos de la ciudad, generar energía propia entrega autonomía cuando la conexión a la red es difícil o costosa. A largo plazo también significa ahorro en las cuentas, y no emite gases de efecto invernadero.
La opción más habitual son los paneles solares, en dos modalidades:
1
Off-grid
Sistemas autónomos que almacenan la energía en baterías. Son ideales para lugares remotos, sin conexión a la red.
2
On-grid
Sistemas conectados a la red eléctrica, que entregan los excedentes de energía y extraen de ella cuando se necesita.
Cultivar de forma orgánica
Los cultivos orgánicos evitan pesticidas y fertilizantes químicos, mejoran la salud del suelo, favorecen la biodiversidad y dan alimentos más sanos. Partir uno es más simple de lo que parece:
1
Analiza el suelo
para conocer qué nutrientes necesita y ajústalo con compost u otras enmiendas orgánicas.
2
Elige plantas
adecuadas a tu clima y suelo, priorizando especies nativas o variedades resistentes a plagas
3
Siembra
según las necesidades de cada planta y mantén un riego adecuado
4
Cosecha
en el momento óptimo y almacena bien para preservar la calidad
Gestionar las aguas residuales
No toda el agua que sale de una casa es igual, y distinguirlas permite gestionarlas mejor e incluso reutilizar algunas:
Aguas negras — provienen de los inodoros. Se tratan en fosas sépticas y requieren un tratamiento exhaustivo antes de cualquier reutilización
Aguas grises — vienen del lavado de ropa, duchas y lavamanos. Pueden reutilizarse para regar jardines o huertos, siempre que no contengan químicos tóxicos ni sustancias dañinas para las plantas
Aguas pluviales — recolectadas del techo, sirven para riego o limpieza y pueden guardarse en estanques
Manejar los árboles nativos según la ley
Cortar árboles nativos requiere autorización. Antes de cualquier tala, se debe solicitar permiso a CONAF mediante un formulario que varía según la envergadura de la obra:
Plan de manejo forestal de bosque nativo — para terrenos donde la superficie poblada predominantemente por árboles nativos es menor a 5.000 m²
Autorización simple de corta — para el aprovechamiento de una cantidad reducida de árboles, por autoconsumo o mejoras del terreno
Ante cualquier duda, lo más seguro es acercarse a las oficinas de CONAF y asesorarse directamente con sus expertos forestales antes de intervenir.
Gestionar bien los residuos
Manejar bien los residuos evita contaminar el entorno, protege la salud y conserva recursos. Tres hábitos hacen la mayor parte del trabajo:
1
Separa y clasifica los residuos según su tipo
plástico, papel, vidrio, metal— en contenedores identificados
2
Composta lo orgánico
como restos de alimentos, manteniendo una proporción equilibrada de material verde y material seco
3
Aparta los residuos peligrosos
como químicos o medicamentos vencidos, en recipientes seguros y bien etiquetados, y llévalos a puntos de recolección
Un compromiso que empieza en casa
Cuidar el entorno de una parcela no exige grandes obras ni inversiones. Empieza por conocer el terreno, respetar lo que ya vive en él y adoptar hábitos que, sumados, mantienen el equilibrio del lugar. Cada decisión en esa dirección protege no solo tu parcela, sino el paisaje del que forma parte.
Si estás dando los primeros pasos en tu terreno, esta guía es una buena base para comenzar. El resto lo irás descubriendo al recorrerlo, temporada tras temporada.
Fuentes
Corporación Nacional Forestal (CONAF), "Planes de manejo y trámites de bosque nativo", conaf.cl
Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), "Normativa agrícola y control de especies", sag.gob.cl
Ministerio de Agricultura, "Política Nacional de Desarrollo Rural", minagri.gob.cl
La mayoría de las visitas a terreno ocurren en verano, con buen tiempo y el suelo firme. Pero la casa que se construya ahí va a vivir todos los inviernos que vengan. Antes de decidir dónde se emplaza, hacia dónde miran las ventanas grandes y por dónde se entra, vale la pena hacer tres lecturas del terreno que no requieren ningún conocimiento técnico. Solo estar presente y prestar atención.
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